María tiene un gran hobby, le encanta la manicura y ahora ha descubierto que tiene una actitud emprendedora. Después de mucho tiempo en paro, ha decidido lanzarse al mercado ella sola y montar su propio negocio, es una gran profesional y se muere de ganas por trabajar, hasta ahora sólo había hecho trabajos de manicura a modo de favor entre sus amigos y amigas.
Ella desde hace ya unos años, tenía incluso su propio logotipo que en el pasado se lo diseñó una amiga en una tarde de risas, también disponía de una cuenta de Facebook e Instagram con su marca comercial “Peque Nail”.
Su marca comercial era sencilla y para ella tenía un sentido personal, cuando era niña a María le llamaban con el apodo cariñoso de “Peque” y sin pensarlo mucho ni investigar la disponibilidad, comenzó a llamarse “Peque Nail” a efectos comerciales.
Lo que empezó siendo un mote cariñoso y sin pensarlo mucho, ¡María había creado una marca comercial reconocida entre sus amigos y conocidos!
Había llegado hasta el punto, de que gracias al “boca en boca”, nuevos clientes la buscaban a través de sus redes sociales y ya no era María, ahora la llamaban por teléfono para pedir cita y preguntaban…
– ¿Eres la chica de “Peque Nail”? Te he visto en Facebook y quiero que me des cita, por favor – María ni se lo creía evidentemente, había convertido su hobby en un magnífico proyecto comercial.
Años pasaron, María ya se había hecho autónoma, tenía su propia web para concertar citas, un blog para enseñar curiosidades de manicura y hasta se estaba planteando alquilar un local para contratar un par de emplead@s.
Desgraciadamente, no todo fueron buenas noticias para María, llegó el día en el buscando en redes sociales se encontró un perfil con el nombre “PeKe Nail Professional” y para su sorpresa también ofrecían servicios de manicura.
Os podéis imaginar la frustración que sintió, después de años utilizando su marca personal, algo que poseía tanto valor emocional para ella y evidentemente un valor económico difícil de calcular en concepto de marketing. María no dudó ni un segundo en contactar con el perfil que estaba suplantándole su identidad corporativa.
De buenas maneras argumentó en un correo electrónico que llevaba años disfrutando de esa marca comercial y que por favor, dejasen de utilizarla ya que estaban perjudicando gravemente su negocio y confundiendo a su público.
La respuesta de la parte contraria no tardo en recibirla, fueron directos y claros, ellos tenían la marca registrada en la Oficina Española de Patentes y Marcas, disponían de un certificado oficial y no sólo no iban a dejar de utilizar la marca, sino que iban a tomar acciones legales contra ella y la marca “Peque Nail” si seguía utilizándola..
Por miedo, María se vio obligada a cerrar sus perfiles comerciales en redes sociales, tuvo que empezar de nuevo, sí es cierto, que ya tenía su cartera de clientes, pero el coste que le supuso retirar la marca de todos los sitios, comenzar con una nueva campaña de marketing, avisar al resto de sus clientes de que se veía obligada a cambiar el nombre comercial… supuso una pérdida muy difícil de calcular.
Esta historia me la contó María personalmente cuando contrató los servicios de “registros de marcas”, le enseñé el camino correcto para que no volviese a tener el mismo problema, realicé la investigación pertinente para comprobar la disponibilidad de su marca y terminó registrando su nuevo logotipo ante la Oficina Española de Patentes y Marcas.
*Basado en hechos reales y experiencias propias, el nombre del restaurante y de las personas que aparecen se han modificado para proteger la privacidad de los afectados.